LA EDUCACIÓN COMO PREVENCIÓN DEL MALTRATO ANIMAL. ESPECIAL REFERENTE A LA MUERTE DEL TORO EN CORRALEJA DE TURBACO

Opinión

Hechos deprimentes fueron noticia en el país en los últimos días. Los periódicos y noticieros se titulaban con frases tan comunes (en algunos municipios colombianos) como evidentes: “¿Quién es la bestia? En Turbaco matan a un toro a piedras, cuchillos y botellas”; “Multitud mata a golpes a un toro en Colombia”; “Matan salvajemente a un toro en corralejas de Turbaco, Bolívar”, entre otros. Aquél 5 de enero fue un día gris para los defensores de los derechos animales y para todo aquel que conserve un poco de humanidad y sensibilidad por una criatura indefensa, criada y alimentada para ser asesinada, como los miles o incluso millones padecidos, con suerte en mejores condiciones, bajo el manto de la matanza denominada como el “arte del toreo”.

La común viralidad que garantiza YouTube y las redes sociales dieron un aire mundial de tristeza y decepción llegando incluso a instancias internacionales. Dice el periódico mexicano Excélsior:

La brutal muerte de un toro a patadas, pedradas, golpes con palos y cuchilladas propinadas por unas veinte personas durante las fiestas de una localidad en el norte de Colombia ha desatado la indignación en el país e incluso la reacción hoy del ministro de Medio Ambiente, Gabriel Vallejo.
Los hechos, recogidos en un video que se ha vuelto viral en Colombia, tuvieron lugar en las corralejas del municipio de Turbaco, en el departamento de Bolívar.
En el video, divulgado en Youtube, puede verse como un grupo de personas persigue en el interior de una plaza de toros al animal, al que no dejan de acosar y golpear con piedras y palos hasta que éste cae en uno de los laterales del coso, donde recibe patadas de una veintena de individuos, que llegan incluso a saltar encima del toro.[1]

Este lamentable hecho ha generado miles de comentarios de todo tipo, que en todo caso exponen unanimidad en cuanto a tristeza, decepción y alteración. Dice un comentario sobre esta misma noticia: “Que cobardes, mientras estuvo en pie, de lejos, ya caído patadas, puñaladas y botellazos. Que autoridad municipal se presta para esto? en dónde están las autoridades civiles y policiales para detener esa horda de desadaptados y enfermos sociales?“.

Lo anterior resalta infinidad de criticas y posiciones para abolir este tipo de espectáculos, incluso alarmando al gobierno quien ha calificado de inaceptable aquellos hechos, y con la ayuda de la sociedad mediático amarillista que ilumina el país, exigiéndose responsables penalmente (como nunca se ha hecho esperar), razón que resalta el interés de este tipo de actuaciones bajo la óptica jurídico penal colombiana.

Al respecto, encontramos que el Código Penal colombiano no contempla delitos que prohíban las corridas de toros, como tampoco sanciona con pena de prisión a quien ejecute actos de maltrato animal, por más gravosos que puedan ser y vale resaltar, desde un punto de vista personal, que no es necesaria la implementación de delitos con penal de prisión para este tipo de conductas, por varias razones: 1. El amarillismo no hace parte del legislativo, ya que si por aquél fuera, habría prisión por todo; 2. Actualmente Colombia afronta una de las más gravosas situaciones por violación a derechos humanos como respuesta de unos de los peores hacinamientos carcelarios en la historia del país; y 3. La respuesta a este tipo de conductas desviadas y reprochadas socialmente nunca serán la pena de prisión, sino la educación de la población.

Ahora bien, si buscamos una respuesta punitiva por parte del aparato estatal, existe el Estatuto Nacional de Protección Nacional (Ley 84 de 1989), por el cual se consideran los actos de maltrato animal como contravenciones, y en este orden, con una sanción económica de 5.000 a 50.000 pesos, y una pena de arresto de 1 a 3 meses, sin embargo por su naturaleza, es imprescindible una denuncia al respecto, hecho que no ocurre bajo estas condiciones.

Entonces, no es un secreto que la falta de educación puede llegar a ser la causa fundamental de la criminalidad (muy latente en esta clase de comportamientos), cuestión enfática de esta entrada y que conlleva a una conclusión: la prevención de este tipo de barbaries no se conseguirá con sanciones penales ni con el apoyo desmedido a la prensa amarillista, sino con un nivel óptimo de educación, que ilustre a las generaciones futuras y establezca al maltrato animal y a esta clase de “espectáculos” como episodios oscuros de la humanidad. Es claro que el maltrato animal jamás podrá ser apreciado como un arte y menos como un espectáculo, hace falta contextualizarlo en la mentalidad colombiana.

Cabe anotar que no por lo anterior se puede afirmar que este tipo de “desadaptados” no resultan peligrosos para la sociedad, como tampoco se puede garantizar la seguridad de las personas cercanas a estos individuos, pero es necesario tener en cuenta que nuestro modelo jurídico penal abolió el peligrosismo ya hace varias décadas, cuestión que imposibilita los deseos carcelarios de esos programas nocturnos de domingo a los que tristemente nuestra sociedad ya se ha acostumbrado. Entonces, en vez de años de cárcel y de enviar a estas personas a empresas de perfeccionamiento criminal, ¿no es más sencillo buscar la forma de inculcarles educación?

No olvidemos que el derecho penal es la ultima ratio, y en consecuencia, la última respuesta ante comportamientos desviados. Por ende: ¡educación antes que sanción!


[1] Excélsior. (2015). VIDEO: Multitud mata a golpes a un toro en Colombia. Recuperado el 08/01/2015 de: http://www.excelsior.com.mx/global/2015/01/05/1000886

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