TRES CONCLUSIONES DEL CESE AL FUEGO DE LAS FARC

Opinión

Diversas posturas se respiran en la cultura mediática característica del país, las personalidades de alto impacto han expresado con optimismo o pesimismo su opinión frente al anuncio de las FARC encaminado a un cese unilateral al fuego, y es que sin tener mucho conocimiento de la violencia que nos ha asolado por más de medio siglo, el hecho de pensar en un proceso de paz, que dé frutos plausibles, deja mucho que opinar, más aún cuando este anuncio se encuentra inmerso en condiciones que implican la suspensión de los operativos de las Fuerzas Militares en contra de sus estructuras, conllevando a la parálisis de las diferentes órdenes de captura emitidas por los jueces contra miembros del grupo guerrillero.

Así, el gobierno Santos no tardó en mostrarse optimista a la postura indefinida de cese a las hostilidades, sin embargo fue claro al opones a las condiciones de las FARC; la opinión pública identificó el acercamiento a la tan anhelada paz colombiana y ha sentido con afecto las posibilidades de la misma; la oposición en cambio, lo vio como “una burla más al país” y solicitó al gobierno prudencia y recelo.

Ahora bien, si fijamos la mirada en el tiempo, no es la primera oportunidad en que se anuncia un cese al fuego, como tampoco sería la primera vez que resulta fallido un proceso de negociación (como sucedió en los gobiernos de los expresidentes Belisario Betancur, César Gaviria y Andrés Pastrana), lo cual no implica un desconocimiento de las inamovibles normas del Derecho Internacional Humanitario, por lo cual la Defensoría del Pueblo servirá de vigía ante esta tregua (como también lo está haciendo la Unasur), con miras de un cese bilateral al fuego, intención expresada ampliamente por parte del presidente Juan Manuel Santos pero exaltando que no descuidará de ningún modo la seguridad de los colombianos.

Entonces, sin mayor profundidad y siguiendo la línea de esta entrada, los medios y un análisis objetivo de la situación permiten las siguientes tres conclusiones trascendentales al respecto:

  1. Es considerable el respiro de tranquilidad que por estas épocas recibimos los colombianos, y con escepticismo o no, se trata de un acercamiento a la paz. De otro modo, un buen regalo navideño.
  2. La historia del país ha enseñado lo que se debe y no se debe hacer, y los fallidos procesos de paz en gobiernos anteriores explican el momentáneo rechazo del presidente Santos a la petición del cese bilateral al fuego.
  3. La posición del gobierno colombiano frente a un posible cese bilateral al fuego es la prueba de que se está dispuesto a ceder terreno, pero a cambio de más garantías por parte de las FARC. Al pueblo colombiano se le debe garantizar un cese definitivo al fuego.

En suma de lo anterior, podemos culminar el año y esta entrada con un aire de tranquilidad en nuestro territorio y un deseo de esperanza para los años que vienen, y bien como opositor o benefactor, se trata de un paso importante para el cese definitivo de hostilidades, un paso imponente tras más de medio de siglo de conflicto interno.

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